18 años.

Voy a romperme los esquemas. No volveré a hacer nunca lo que siempre he creído que tenía que hacer. Voy a experimentar, a probar. Soy joven, joder. Tengo 18 años, una vida por delante y alguna que otra experiéncia útil. No puedo encerrarme ya entre las paredes de "es o que toca". Voy a dejar de hacer cosas porque es lo que se supone que tengo que hacer, y voy a empezar a hacerlas porque quiero hacerlas. O porque algo dentro de mí me dice que estaré mejor haciéndolas.

Voy a experimentar de todo. Sexo, drogas, alcohol, fiesta... Sí, pero también libros, tranquilidad, paz, descubrimientos... Voy a empezar a ser esa chica bohémica que cautiva a todos por su aura difierente. Voy a empezar a ser la chica que cualquier artista querría tener como musa. Con mis fallos y mis perfecciones. Con mis altos y mis bajos. Joder, voy a empezar a ser yo misma. Tengo 18 años y una vida por delante, no puedo encerrarme ya en mis pensamientos. Abriré la menta, las piernas, los brazos, los ojos y el corazón a todo lo nuevo que llegue a mi vida.

A partir de hoy estaré feliz, triste, asustada, estresada o nerviosa. Tendré mariposas en el estómago, sueños en el corazón y amores en la cabeza. Moveré los pies, los brazos, el alma, el cuerpo a mi gusto, cuando quiera y como quiera. Haré un poco de todo, y mucho de nada. Trabajaré y haré el perezoso, y dormiré y pasaré noches acompañada por mi insomnio y un cerveza. Y veré salir el sol, y desearé ser la luna para perseguirlo. O no, ¡qué coño! Seré el puto sol que va a iluminar mi vida. Y nadie, jamás, va a ser capaz de frenarme.