Hola pequeño. Llamaba para decirte que he decidido olvidarte. Quería decirte que esta va a ser la última vez que me oigas susurrando cuánto te quería. No volverás a saber de mí, por lo menos por mi misma. Voy a empezar a fingir que no existes y, igual así, con el tiempo, acabo creyéndolo. Igual acabaré creyendo que para mí, nunca fuiste más que ese chico mono con el que me hablaba pero con el que estaba segura que nunca, jamás, pasaría algo.Te digo, como siempre, que tires adelante. Me hundiste, sí. Pero no quiero que te hundas tú ahora. Así que ojalá te vaya muy bien todo, ojalá encuentres a alguien con quien conectes lo suficiente como para hacer algo más que fingir que la quieres. Y yo te iré dando empujoncitos, desde mi cabeza, a que quieras a la gente. Porque ya sabes lo que digo siempre, el amor mueve montañas.
Te llamo por última vez, porque he decidido olvidarte. Pero creía que tenía la obligación de decírtelo. Creía que debías saber que no volverás a saber de mí. Sigo recordándote, cada noche. Me cuesta adormirme cuando recuerdo cómo paseaban libremente tus manos por mi cuerpo. O cómo eras capaz de hacerme temblar con una sola mirada. A veces recuerdo incluso cómo las comisuras de tu boca subían un poco cada vez que me decías que me querías. Sigues doliéndome. Te lo digo porque creo que es esto, precisamente, lo que querías. Destrozarme. Pues, por última vez, te felicito. Lo has conseguido.