No quiero parecer algo que no soy por lo que voy a decir, pero yo creo que el amor tiene mucho que ver con tu sonrisa. Con ese paraíso. Nunca he sido una experta del amor, y quizás por eso ahora esté como estoy (pillada hasta las trancas de ti), pero créeme que si tuviera que definirlo, enseñaría una foto de tus ojos. De cómo brillan cuando escuchas esas canciones de toda la vida, esas que tanto te gustan. O quizás obligaría a escucharte cantar a todo aquél que me preguntara si creo en el amor, y después se lo preguntaría a ellos. Me has descubierto el amor a primer oído. Y porque el amor a primera vista ya lo conocía, que si no, también me habrías decubierto eso.
Me gustaría que me entendieras, chaval. Que te vieras desde mis ojos, que te escucharas desde mis oidos. Que sintieras lo mismo que siento yo cuando vienes, me miras, me tocas y te vas. O te quedas, da igual. Ese subidón. Ese aceleramiento sorprendente de mi corazón al ver tu mano buscar la mía y volver a perderla por encontrar antes la del miedo. Desearía que los dos fuéramos capaces de hablar más allá de las indirectas, que fuéramos capaces de decirnos que necesitamos algo más que un simple abrazo para despedirnos. Pero no, no tenemos los cojones, porque nos han roto antes, y nos da miedo volver a rompernos. Ojalá pudiera verte despertar, con tu carita, con tus ojitos. Verte amanecer a mi lado, y abrazarte, y besarte. Ojalá pudiera saber qué sienten esos que dicen que el amor es lo más bonito del mundo, y multiplicarlo por ochenta cada vez que te viera. Ojalá pudieramos tirarnos al acantilado del amor, sin preocuparnos por el golpe contra el suelo. Pero no podemos. Yo, porque no sé si tu quieres. Tú, porque aún no sabes que sí quieres.
