Eso es lo que somos, jóvenes. Tenemos tiempo y ganas de hacer lo que queramos. Nos equivocamos, lloramos, reímos, gritamos, cantamos, hacemos el ridículo, pensamos y hablamos. Somos un poco más tontos que el resto de las personas, pero no lo aceptamos. Creemos tener problemas, cuando sólo tenemos tonterías. Creemos ciegamente en el amor a primera vista, y aún no nos hemos dado cuenta de que las historias con finales felices no existen. Somos jóvenes y, como tales, cometemos locuras. Llamamos amor a la atracción física, tenemos para siempres que duran medio día. No pensamos en el futuro, y revivimos demasiado el futuro. Creemos que cada error es el fin del mundo, y que cada responsabilidad nueva es un error. Queremos mucho, pero necesitamos poco. Queremos enfrentarnos al mundo, y dejarlo del revés. Queremos dejar marca. Queremos que nos conozcan. Somos jóvenes y, como tales, intentamos ser como todos, a pesar de ser muy diferentes. Vivimos las primeras desilusiones, y empezamos a ver qué es eso a lo que le llaman "vida" aunque no llegamos a tenerlo. No nos gusta estudiar, y escuchamos la música un poco demasiado alta. Podemos pasarnos todo el día sin hacer nada, porque somos perezosos. Nos cuesta dormirnos y nos cuesta despertarnos. Somos de ir siempre tarde. Bebemos y fumamos, aunque sepamos que es demasiado pronto para hacerlo. Reímos y lloramos por culpa de la misma persona. Creemos ser un desastre, y ser lo mejor del mundo. Queremos serlo todo, sabiendo que no somos nada. Pero, somos jóvenes, y tenemos toda una vida para darnos cuenta de qué va todo. Así que, de momento, podemos divertirnos y quizás, sólo quizás, llegaremos a ser felices. Pero es que somos jóvenes y, como tales, nos toca serlo todo: Felices, tristes, enfadados y extraños. Porque somos jóvenes y, como tales, sólo queremos una cosa, ser.