Un año para recordar.

*Beep beep*
Mi alarma vuelve a despertarme a las 7:30 de la mañana, como cada día. Cuando me vuelvo a estirar para seguir durmiendo, a mi madre no se le ocurre nada mejor que abrir las cortinas de mi habitación y desvelarme completamente. Así que me levanto como puedo y voy hacia la cocina.

Desayuno rápido y me voy hacia la ducha. Me ducho por la mañana porque, si no, no soy persona. Cuando he acabado de ducharme viene el peor momento del día, elegir la ropa. No soy muy presumida, pero me gusta gustar. Cojo unos pitillos negros, una sudadera gris, un gorro negro y mis Vans. Me peino mi rubio y liso pelo. Me preparo la mochila con los libros y miro la hora.

Aún me queda media hora para empezar clases, así que me pongo un rato en el ordenador. Al abrirlo veo el día, viernes 10 de Octubre de 2012. No puede ser, ¿cómo se me había pasado? ¡Hoy cumplo un año con Óscar! Óscar es mi novio. Nos conocimos el primer día de universidad y nos hicimos amigos al instante. Por lo visto, ambos estábamos enamorados del otro, pero fuimos tan tontos que no nos atrevimos a decirnos nada. Pasamos así hasta inicio de segundo, y él dio el primer paso. Ahora, un año después, lo quiero más que a nadie en este mundo.

Cojo la bici y me planto en la universidad en 15 minutos. Y ahí está él, esperándome como todos los días. 

Lleva puesta su sudadera negra de OBEY y unos tejanos de cinturilla baja que lleva por medio culo. Sonrío. Creo que no le he visto nunca con unos pantalones por la cintura, siempre los lleva bajos. Lleva las Vans que yo le regalé y unas gafas de sol. No me ha visto, ¡bien! Dejo la bici en el parking de bicis y voy hacia él por detrás. Cuando llego a él, le tapo los ojos y le beso la espalda.
                   – ¿Quién soy? – digo distorsionando mi voz.
                    Mmm… Teniendo en cuenta que tiene usted unas manos muy finas y que sólo hay una persona que me bese de ese modo la espalda, creo que eres mi chica. – se gira – ¿Ves? Eres Ruth. – me besa y se lo devuelvo sin problemas – Buenos días enana.
                    Buenos días gigante – sonrío. Es mi gigante y le quiero tanto. – ¿Sabes qué día es hoy?
                    A ver, déjame pensar – se toca la barbilla exagerando el gesto – HOY ES NUESTRO ANIVERSARIO – grita. Me abraza por la cintura y me levanta del suelo mientras me da vueltas. Me cojo a su cuello, me da miedo caer, y cuando me baja le beso.

Él se sienta en un banco que hay delante de la puerta de entrada y yo me siento sobre él, apoyando mi espalda en su pecho. Nos vamos dando pequeños mimitos, caricias, besos, abrazos… Mientras esperamos que abran las puertas. Entonces veo a mi mejor amiga. Me levanto y corro hacia ella. Le doy un enorme abrazo.
                    LAAAAAAAAAAAAAAAURAAAAAAAAAA! – le grito mientras la abrazo – Hoy es nuestro aniversario – sonrío.
                    ¡¿DE VERDAD?! – se sorprende – aaaaaaaaaaaaaaish mi Ruru – siempre me ha llamado así – ¡no sabes lo feliz que me haces! ¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES! – nos mira, primero a mí, luego a Óscar y otra vez a mí.
Entonces, abren la puerta y nos toca entrar. Los tres estudiamos Biología humana, así que vamos juntos a todas horas. Voy a entrar a la clase cuando noto que alguien me coge del codo.
                    Ruth – es Óscar – Hoy a las 7 en tu casa. Ve arreglada, quiero llevarte a un lugar especial.
                    ¿Dónde?
                     Es una sorpresa – sonríe y me besa – Pero has de ir más preciosa de lo que vas siempre, ¿entendido?
Asiento y entramos en clase. Nada interesante ocurre durante el día, así que, después de una larga despedida con Laura y Óscar, vuelvo a casa a las 3, como cada día. Como rápido y me voy directa al armario. Esta noche tengo cena, supongo, con Óscar, he de ir preciosa. Rápidamente encuentro lo que busco. Un vestido rojo, con palabra de honor, que baja en forma de tubo hasta medio muslo. Cojo también un cinturón y voy hacia el zapatero. Mi madre y yo tenemos una enorme obsesión con los zapatos, así que tenemos una habitación llena. Cojo los tacones de aguja negros de 15 cm y me los llevo a la habitación. Me pongo mi tanga negro y un sujetador sin tiras. Me pongo el vestido y el cinturón, los tacones serán lo último. Voy al baño, me peino y me recojo el pelo en una trenza de lado que baja desde mi oreja hasta mi pecho. Me hago la raya de los ojos y me pongo rímel. Me repaso los labios con el pintalabios rojo y con un poco de brillo. Me miro al espejo y me encanta lo que veo.

Miro el reloj, faltan 15 minutos para las 6. Tengo hambre, voy a merendar. Abro el armario de la cocina y cojo un donut. Los donuts son mi droga, no sé qué haría sin ellos. Me pongo un rato en el ordenador y cuando me quiero dar cuenta, faltan solo 15 minutos para las siete. Me pongo los tacones y vuelvo al baño a repasar que todo sigue perfecto. Entonces oigo la puerta. Y corro hacia ella. Cuando la abro me quedo flipando. Óscar va perfectamente vestido con un smoking negro, camisa blanca y pajarita. Lleva una rosa roja en el bolsillo del pecho. Me coge la mano y me la besa, como un galán.
                    Que galán, sir. – digo sonriendo mientras vamos hacia su coche. Su comportamiento es extraño, distante, no me gusta. – ¿qué te pasa?
                    ¿A mí? Nada – sonríe, pero sé que le pasa algo.
No digo nada, no quiero joderlo todo, otra vez. Hacemos todo el viaje callados, mirando por la ventana. Creo que me va a llevar a algún restaurante caro de esos, y me sabe mal si se gasta mucho dinero en mí. En un semáforo en rojo, se gira hacia mí y me da un pañuelo.
                    Tápate los ojos – sonríe y niego la cabeza, paso de hacerlo. – por favor.
                    Bueeeeeeeeeeeno – le hago caso. Me ato los ojos y noto que arranca el coche.
      Estamos como unos 15 minutos más en el coche y bajamos. Me imagino que estaremos en el restaurante más lujoso de Barcelona. Entonces noto que sus brazos me rodean desde detrás y que me susurra en la oreja.
                    Puedes quitarte el pañuelo. – siento su sonrisa contra mi oreja. Hago lo que me dice y me encuentro con un local abandonado. ¿Qué? ¿Me ha traído a una ruina?
                    ¡Qué romántico! – digo con ironía. Curiosamente, él sonríe. Me da la vuelta, me besa y, aún sobre mis labios, dice.
                    Ahora viene lo mejor – Me gira otra vez y me coge la mano. Me obliga a avanzar hasta la puerta y la abre.
Entramos a ese local, que parece abandonado, pero no lo está, para nada. Hay unas pequeñas luces de colores colgadas del techo, y de cada una de las luces una foto. Algunas fotos son mías, otras son de él, pero la mayoría son de los dos. Sigo avanzando por el local, perdiéndome entre las fotos. No me doy cuenta de que Óscar se dirige a la pared del final. Una vez ahí, enciende un foco y veo un collage de fotos donde pone “Te amo, ahora y siempre” hecho con fotos nuestras. Veo un par repetidas, pero me da igual. Esto es realmente precioso. Entonces Óscar enciende unos altavoces que hay ahí y empieza a sonar esa canción, nuestra canción, la canción que me recuerda a él día sí, día también. (http://www.youtube.com/watch?v=WIbUNfg_wmM )
                   – Ruth, ¿Sabes qué? Te quiero. Te quiero mucho. Te quiero tanto que tengo miedo de hacer alguna tontería, te enfades, te vayas y me dejes destrozado. No quiero que me dejes, no te dejaré ir. – Me abraza fuerte – Has cambiado mi vida. Le has dado un sentido, le has dado la dirección correcta. Ahora mismo, imaginarme mi vida sin ti, es como imaginar el vacío, no puedo, soy incapaz de hacerlo. La gente dirá cosas, dirán que no te quiero, dirán que lo nuestro no es amor, pero yo sé que no, yo sé que me quieres, sé que hace mucho tiempo que me quieres, y no quiero que dejes de hacerlo nunca. Te quiero, te amo, te adoro, te admiro. Te necesito. Me has dado las alas que necesitaba para volar, y ahora puedo volar contigo. Gracias. – noto como las lágrimas empiezan a caer por mis mejillas – No. Por favor, no llores princesa. Eres perfecta, no tienes porqué llorar. Te quiero, me quieres, ¿ves? Todo es perfecto. No necesitamos más.
Se acerca a mis labios y los besa. Pero este no es un beso como los otros, este es un beso lleno de amor, de felicidad, de cariño… Quiero contestarle, quiero decirle cuánto le he amado, cuánto le amo y cuánto le amaré; pero no puedo. Tengo un nudo en mi garganta y las lágrimas corren libremente por mis mejillas. Este instante es perfecto, es nuestro. Cada una de las palabras, cada una de las notas de la canción, cada una de las fotos lo hacen más perfecto aún.
                   – Óscar – mi voz se corta, me cuesta hablar, pero debo hacerlo así que sigo hablando – te quiero. Y no necesito un millón de palabras para demostrarlo. Tan solo necesito un pequeño gesto – sonrío – una sonrisa, un beso, una caricia, un abrazo, una mirada… Cualquier de estos gestos valen un millón de palabras. Tú también me has cambiado. Has mejorado mi vida en todos los aspectos. Nunca antes había habido un hombre en mi vida, nunca me había enamorado, nunca había sentido nada de lo que siento por ti. Gracias por hacerme sentir viva, por darme ganas de seguir adelante. ¿Sabes? Estos años que llevo enamorada de ti, han sido los mejores. He conocido sensaciones inimaginables, gracias a ti. Recuerdo la primera vez que te vi, recuerdo que me miraste a los ojos, pero aún no sabías que era yo. Recuerdo cada una de las veces que me derrumbaba cuando me contabas con quien te habías besado o acostado. Pensaba que jamás seríamos nada más que amigos, que siempre serías unas cuantas charlas y un abrazo por la tarde. Pero ahora ya no, ahora te tengo aquí, conmigo, entre mis brazos. Ahora eres tú el que seca mis lágrimas, y no mi almohada. Ahora eres tú quien me da consejos, y no gente que no conozco, ahora eres tú el que me hace sentir viva. – Cada una de las tardes a su lado pasan como películas en mi cabeza. Y entonces recuerdo el día que me lo pidió – “Ven conmigo, y volaremos lejos de aquí, donde solo estemos nosotros, donde podamos sonreír sin importar el motivo.” ¿Recuerdas? – asiente – Fue precioso. Igual que esto. – señalé la habitación – E igual que tú. Quiero que sepas que has sido, y serás, los mejores años de mi vida. – Veo sus ojos humedecerse, pero no veo las lágrimas caer por sus mejillas.
                   – No tengo palabras. Tuve mucha suerte de conocerte, de verdad. – le abrazo con más fuerza que nunca – Me has enseñado qué es amar, me has enseñado qué es olvidar, me has enseñado qué es ser feliz. Gracias Ruth, gracias por haber estado aquí. ¿Te puedo preguntar una cosa? – asiento. Pone una rodilla al suelo, saca de su bolsillo interior una cajita y la abre. Dentro aparece un anillo precioso, con un diamante. Oh dios mío de mi vida, ¿Va a hacer lo que creo que va a hacer? – ¿Quieres… ¿Quieres casarte conmigo? – ¿De verdad me acaba de pedir que me case con él? ¿Estoy soñando? ¿He muerto y estoy en cielo? Mi mano corre a tapar mi boca. La sorpresa no podría ser mayor.
                   – Òscar – me cuesta mucho hablar – ¡claro que quiero! – digo segura de mi misma y me lanzo a sus brazos y veo cómo sonríe. Dios, dios, dios, dios, dios. No me lo creo. – Pero con una condición – sonrío y su sonrisa desaparece. Le doy miedo. – Yo organizo la boda.

Y pasan los años. 20, 40, 80 años. Ambos somos mayores, hemos tenido cuantro hijos y éstos nos han dado muchos nietos. Seguimos igual de enamorados que el día que me pidió que me casara con él.
                   – ¿Óscar? – Le pregunto.
                   – ¿Qué? – Dice con su voz debilitada.
                   – Te quiero. Gracias por darme ésta historia de princesa. – Le sonrío y me giro hacia el médico. – Puedes desconectarnos. – Sonrío y vuelvo a dirijirme a Óscar – ¿Siempre?
                   – Siempre – Me coge de la mano y el doctor nos desconecta a ambos.