Me enseñaron a esperar
porque enseñarme a luchar
les daba miedo.
Nadie sabía qué esperar
de la fuerza colosal
que tenía dentro.
Y me dijeron:
"Por mujer,
por pobre
y por ciudadana,
eres débil."
Ahora, pues,
no me queda más
que quejarme
en verso.
Y a quienes me enseñaron
a ser débil,
a esperar
y a desear
en vez de a luchar,
les digo, hoy, que
por mujer,
por pobre,
y por revolucionaria,
os doy miedo.
Porque no me enseñaron
a luchar,
a ganar
ni a hacer lo que quería.
Pero en el mundo de hoy en día
no me quedó otra
que volverme
autodidacta.
No sé qué me pasa.
Y no sé qué me pasa ya.
A mí,
que he visto al mayor de mis pilares derrumbarse por la tristeza,
que vi cómo a mi abuela se le apagaban los ojos.
A mí,
que he sobrevivido tantas noches a mis pensamientos,
y he dejado de hacer lo que no debía.
No sé qué me pasa que,
desde que te fuiste,
y volviste,
y te fuiste otra vez,
mis ojos ya no duermen,
porque si lo hacen,
no hacen más que imaginarte.
Ultimamente duermo desnuda,
así imagino que la sábana que me proteje es tu piel,
aunque no es tan cálida,
ni tan bonita,
y no huele como tú.
No sé qué cojones me pasa.
Si ya hice obras en mi cabeza,
para arreglar la gotera
que no paraba de pensar.
Si ya me arreglé las ojeras
y aprendí que, cuando llovía,
debía bailar.
Si ya sabía que a la tristeza
se la vence plantándole cara.
Pues no.
Ahora ya no.
Después de ti, ya no.
Y, joder,
te equivocaste otra vez,
mi vida,
te pedí que destrozaras mis esquemas,
no a mí.
No así.
A mí,
que he visto al mayor de mis pilares derrumbarse por la tristeza,
que vi cómo a mi abuela se le apagaban los ojos.
A mí,
que he sobrevivido tantas noches a mis pensamientos,
y he dejado de hacer lo que no debía.
No sé qué me pasa que,
desde que te fuiste,
y volviste,
y te fuiste otra vez,
mis ojos ya no duermen,
porque si lo hacen,
no hacen más que imaginarte.
Ultimamente duermo desnuda,
así imagino que la sábana que me proteje es tu piel,
aunque no es tan cálida,
ni tan bonita,
y no huele como tú.
No sé qué cojones me pasa.
Si ya hice obras en mi cabeza,
para arreglar la gotera
que no paraba de pensar.
Si ya me arreglé las ojeras
y aprendí que, cuando llovía,
debía bailar.
Si ya sabía que a la tristeza
se la vence plantándole cara.
Pues no.
Ahora ya no.
Después de ti, ya no.
Y, joder,
te equivocaste otra vez,
mi vida,
te pedí que destrozaras mis esquemas,
no a mí.
No así.
(3 de Diciembre)
Mis manos con las tuyas
y el mundo contra nosotros.
«Te quiero», susurras.
Te digo que no lo he oído.
Miento.
Solo quiero escucharlo una vez más.
Quiero ver tus labios curvándose ligeramente hacia arriba cuando lo dices,
cuando lo sientes.
Y como brillan tus ojos,
que aclaran esta oscuridad que llevo dentro.
Mañana lloverá.
Y no porque el cielo este cubierto,
porque hace un sol que enamora
- aunque la mejor estrella la tengo junto a mi -,
sino porque me vuelvo a casa
(Y no a mi hogar.
Mi hogar eres tu.
Y te llevo siempre dentro).
Me deprimo de pensar que no estaré contigo.
Y esto no es normal, joder.
Yo no era así.
Yo no dependía de nadie antes.
Aún me saltan las alarmas cuando me besas de esa forma tan dulce.
Pero es que, si no me saltan las alarmas cuando no estas es simplemente porque
Si tu no estas,
nada funciona;
y las alarmas,
tampoco.
«Te quiero» te digo.
Y sé que es verdad.
Aunque mi manera de demostrarla sea rara.
Por ejemplo,
sabiendo que, a pesar de ser tan dulce, prefieres lo salado.
O que duermes pegado a la pared porque sino tienes miedo de caer de la cama.
O que tienes una luz muy brillante, aunque todo sea oscuro dentro de ti.
No se.
Hay muchas cosas que no se.
Hay muchas cosas que quiero saber.
Hay muchas cosas que quisiera haber querido saber.
O no.
Pero si algo tengo claro,
y quiero que lo sepas tu tambien,
es que te quiero.
Y que a pesar de no gustarme lo cursi
(aunque no lo parezca leyendo esto)
si eres tu quien lo dice,
quien lo piensa,
quien lo hace,
las maripositas despiertan de su ensueño
y bailan al son de la musica.
Es decir,
de tu voz,
en mi barriga.
«Yo más, vida.»
Vida.
Que es lo que me das.
Y sonrío,
porque te engañas,
y no lo sabes.
Porque yo te quiero más,
y tampoco lo sabes.
y el mundo contra nosotros.
«Te quiero», susurras.
Te digo que no lo he oído.
Miento.
Solo quiero escucharlo una vez más.
Quiero ver tus labios curvándose ligeramente hacia arriba cuando lo dices,
cuando lo sientes.
Y como brillan tus ojos,
que aclaran esta oscuridad que llevo dentro.
Mañana lloverá.
Y no porque el cielo este cubierto,
porque hace un sol que enamora
- aunque la mejor estrella la tengo junto a mi -,
sino porque me vuelvo a casa
(Y no a mi hogar.
Mi hogar eres tu.
Y te llevo siempre dentro).
Me deprimo de pensar que no estaré contigo.
Y esto no es normal, joder.
Yo no era así.
Yo no dependía de nadie antes.
Aún me saltan las alarmas cuando me besas de esa forma tan dulce.
Pero es que, si no me saltan las alarmas cuando no estas es simplemente porque
Si tu no estas,
nada funciona;
y las alarmas,
tampoco.
«Te quiero» te digo.
Y sé que es verdad.
Aunque mi manera de demostrarla sea rara.
Por ejemplo,
sabiendo que, a pesar de ser tan dulce, prefieres lo salado.
O que duermes pegado a la pared porque sino tienes miedo de caer de la cama.
O que tienes una luz muy brillante, aunque todo sea oscuro dentro de ti.
No se.
Hay muchas cosas que no se.
Hay muchas cosas que quiero saber.
Hay muchas cosas que quisiera haber querido saber.
O no.
Pero si algo tengo claro,
y quiero que lo sepas tu tambien,
es que te quiero.
Y que a pesar de no gustarme lo cursi
(aunque no lo parezca leyendo esto)
si eres tu quien lo dice,
quien lo piensa,
quien lo hace,
las maripositas despiertan de su ensueño
y bailan al son de la musica.
Es decir,
de tu voz,
en mi barriga.
«Yo más, vida.»
Vida.
Que es lo que me das.
Y sonrío,
porque te engañas,
y no lo sabes.
Porque yo te quiero más,
y tampoco lo sabes.
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