Felicidad fatal.

Ella nunca había sido feliz. O por lo menos, no lo recordaba. Siempre había estado triste y sin ganas de sonreír. Siempre entre depresiones, cicatrices y lágrimas. Siempre con la sonrisa falsa, y el alma rota. Ella nunca había sentido eso que los libros más bonitos dicen que se siente, a veces. Como cuando llegabas a alguna meta que te habías propuesto, o como cuando te despiertas y sabes que tienes a alguien a quien darle los buenos días. Ella siempre había estado sola, y vacía; y nunca había podido cumplir ninguna de sus metas. Para ser sinceros, ni siquiera lo había intentado. Ella había sido forzada a ser fuerte toda su vida, incluso cuando lo único que quería hacer era rendirse, abandonar, morir. La oscuridad que la envolvía la había obligado a dejar de temer los sitios oscuros. Incluso llegó a apreciar más la oscuridad que la luz. En la oscuridad no tenía que fingir estar bien. Ella nunca quería estar sola, aunque le daba miedo la gente desconocida, y no se atrevía a conocer a nadie nuevo. "Los libros están bien" solía decirle a su madre, intentando engañarse a si misma. Ella estaba harta de tener que ser fuerte, y se rindió. Paró de luchar contra todo, y dejó que pasaran los días. No era capaz de decidir si matar el tiempo o matarse a si misma. La depresión seguía ahí, pero ella no le hacía caso, ya estaba acostumbrada a no sentir más que dolor.

Pero un día, al despertar, notaba algo raro en ella. Como si tuviera ganas de sonreír, salir a la calle, y conocer a alguien. Da igual a quien. Notó cómo si la oscuridad había sido absorbida por sus pesadillas, y ya no rodeaba su vida. Tenía ganas de saltar y bailar, incluso si la grasa de su cuerpo rebotaba mucho al hacerlo. Había dejado de sentirse triste, y sola, e inferior, y diferente, y débil, y asustada. Se sentía, por primera vez en muchos años, bien, y orgullosa de si misma, y con ganas de salir a la calle. ¿Esto era eso que la otra gente describía como felicidad? Se sentía tan bien, que no le gustaba. Una vez ella leyó en un libro que los enfermos terminales tienen un día maravilloso antes de morir. Pensó que quizás ella estaba enferma de ganas de morir, y descubrió que, muy en el fondo, estaba aterrada de que llegara el día de mañana. Porque ella sabía que después de estar en lo más alto, sólo podría caer más bajo que antes. Y eso la mataría. Y, por una vez en la vida, tuvo razón
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