C A O S.

Hoy voy a ser sincera, porque me he cansado de siempre estar rodeada de mentiras. Mi vida siempre llena de "Estoy bien" que no son verdad, de "No me importa" que duelen, de "Ya lo he superado" que me corroen por dentro. Pero hoy no. Hoy no habrá más mentiras. No estoy bien, no lo estoy. Supongo que es cosa de mi falta de madurez, o no sé qué es. Yo sólo sé que no soy feliz. Sólo sé que me falta algo, pequeños detalles que me harían ser feliz.

Escribo para desahogarme, o me desahogo escribiendo. La maldita hoja en blanco que refleja todos mis pensamientos. Esa hora en blanco que llevo horas intentando llenar con mis sentimientos, pero esta vez están demasiado al fondo, demasiado negados a salir, demasiado enredados entre ellos. No creo que tenga tiempo, ni ganas, de ordenarlos. No quiero volver a sentir dolor. Ni tristeza. Ni soledad.

Mi cabeza es un caos. Y mi corazón está aún peor. Mi estómago está harto de mariposas muertas. Mis ojos han empezado a creer que son una piscina. Mis manos ya no saben cómo dejar de temblar. Mi voz ya no sabe cómo travesar los muros de mis labios. Mi cuerpo entero está agotado de ser mío. Y yo estoy agotada de ser yo. Con mi cara, mi cuerpo, mi carácter, mis pensamientos y mi vida. Aunque no estoy segura de que a esto se le pueda llamar vida.

Estoy sola. Podría no estarlo, lo sé. Podría ser como los demás: falsa, hipócrita, vulgar, ordinaria. Pero no, yo soy yo. Y, aunque a veces me sienta muy orgullosa de serlo, ahora mismo estoy harta de ser yo. Porque no me gusta tener que estar todo el día encerrada en casa, sólo por que no tengo con quién salir. No me gusta ser la única que tiene libros, en vez de amigos. Empiezo a estar bastante harta de que me señalen y susurren "Mira, es la chica rara, la que siempre está sola."

No, no estoy bien. Podría estarlo, podría ser feliz. Porque soy fuerte. Sencillamente es que me he cansado de tener que ser siempre yo la que aguanta las horas de sufrimiento. Me he cansado de ser siempre yo la que no puede llorar. ¿Tengo que ser siempre yo la que levante a los demás? Y a mí, ¿quién me levanta? Nadie. Porque nadie es suficientemente valiente como para enfrentarse a mí, y al caos de mi vida. Pero lo entiendo.

Yo tampoco soy lo suficientemente valiente como para enfrentarme a mí misma.